sábado, 9 de julio de 2016

Entre el secundario y el superior. Una brecha que nos separa.






A veces me pregunto, ¿Cómo piensan, cómo idean, cómo planifican el diseño curricular de los profesorados?, ¿En qué se basan?, ¿Qué tienen en cuenta? Siempre está la respuestaTodo está planificado para su nivel. Ahora bien, ¿cuál es ese nivel?, si acabamos de terminar la secundaria, si apenas dimos algunos contenidos básicos a grandes rasgos, si algunas cosas entendimos y otras no, si la modalidad se orientaba más a otra cosa que a los que a lo que nos decidimos estudiar. En fin, estas y otras cosas son las que forman los baches entre la secundaria y el nivel terciario o universitario. Si bien hay materiales didácticos que sirven de apoyo al docente para transponer contenidos niveladores, no siempre ofrecen el mismo bagaje de contenido, que en un nivel superior se requiere. A lo que vamos es a que, tomando como referente al terciario, tenemos muchos contenidos de aprendizaje que en la secundaria no se dan, o se dan pero no con el propósito que tienen en el superior. Todo esto acarrea que a la hora de las transposiciones didácticas en la práctica docente, los alumnos nos encontremos con la dificultad de no saber cómo enseñar en un nivel inferior, lo que aprendimos en el superior. Allí logramos ver simplezas de lo que en realidad creíamos necedad. Pongamos el ejemplo de la alumna  residente que debía dar sus clases en un nivel secundario pero en el de estudios permanentes para jóvenes y adultos. ¿Imaginamos lo que eso significa?, Aquí la cita: “Me asignaron un curso en el turno noche, un segundo año del EPJA. El contenido otorgado para desarrollar  fue el cuento policial. Bien, hasta ahí todo regio. El problema radica en que me piden que sea innovadora y busque temas de interés que llamen la atención. ¿Cómo hacer eso? pensaba…. En días de estudio y planificación iba aprendiendo cosas nuevas, me encontraba con un sinfín de dudas y obstáculos que no me permitían avanzar, buscaba aquí, preguntaba allá, todo con tal de lograr buenas clases. Decía en mi interior ¿por qué esto no me enseñaron en mi formación?, ¿Cómo no me dieron estrategias, herramientas para afrontar esta realidad? Pues no. Y hoy estoy aquí, a pocos días de comenzar  y creo que todo lo que conseguí lo hice por mis propios medios, y espero poder lograr mis objetivos”.
Aquí se ven esas dificultades que acarrea la formación docente. Deberíamos pensar más bien en cómo enseñar y no tanto, qué enseñar. Hacer foco en aquellos contenidos básicos, que sirvan de algo. Nada de querer sacar especialistas, literatos, ni críticos. Estudiar en profundidad todo aquello que sabemos será menester en la educación, y después de todo eso, valernos de toda aquella información que nos enriquecerá, que servirá para aumentar la calidad y cantidad de nuestro bagaje cultural.
En fin, pensemos cómo, con qué, para qué y no el qué. Obviamente que el qué es fundamental, pero de nada sirve tener la linterna con pilas, si no se sabe prender la luz.
 


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